“NOSOTROS LOS PUEBLOS DE LAS NACIONES UNIDAS RESUELTOS

a preservar a las generaciones venideras del flagelo de la guerra, que dos veces durante nuestra vida ha infligido a la humanidad sufrimientos indecibles,

a reafirmar la fe en los derechos fundamentales del hombre, en la dignidad y el valor de la persona humana, en la igualdad de derechos de hombres y mujeres y de las naciones grandes y pequeñas,

a crear condiciones bajo las cuales puedan mantenerse la justicia y el respeto a las obligaciones emanadas de los tratados y de otras fuentes de derecho internacional,

a promover el progreso social y a elevar el nivel de vida dentro de un concepto más amplio de la libertad (…)”

Así comienza la Carta de las Naciones Unidas, que hoy cumple su 60 aniversario. Al frente de la Comisión de Derechos Humanos, encargada de redactar los 30 artículos de la Declaración Universal, una mujer: Eleanor Roosevelt, la mujer que siendo primera dama se negó a llevar abrigos de pieles; la que dijo que nadie puede hacerte sentir inferior si no es con tu consentimiento; que es mejor encender una vela que maldecir la oscuridad:

“Seguramente, a la luz de la historia, tener esperanza es más inteligente que tener miedo, intentar algo más que no intentarlo. Porque una cosa sabemos más allá de toda duda: nada ha sido jamás realizado por quien dice “esto no puede hacerse”.

¿Os suena esta idea? Parece que alguien, media centuria después, ha cogido el testigo.