Como para compensar a la gente de ayer, hoy me he cruzado con varias personas silbando por la calle; para sí, bajito, contentas. Y me acuerdo de un hombre del que me habló mi padre una vez, al que le gustaba mucho silbar, que si llegaba a casa, o a donde fuera, y no había acabado lo que estaba silbando se quedaba en la puerta hasta acabar de silbar la canción y, entonces, entraba. Eso es un silbador vocacional. Entregao. Sí señor: cuando encuentres algo que hacer, hazlo con todas tus fuerzas.