
Acción de Gracias, para los americanos. Ya he comentado en esta y esta otra entrada por qué me gusta celebrarlo a mí también. Este año, como imagináis, mucho por lo que dar las gracias. Pero quiero fijarme en lo que no es tan obvio: la foto que he puesto es la acción de gracias particular de mi primo Ysigäel, que cuando era pequeño rayó esto en el tapón del lavabo: merci l’eau. ¡Gracias, agua! ¿No es maravilloso, que un niño pequeño se dé cuenta de algo tan elemental, y que por eso quizá nos pase tan desapercibido a los adultos, y le dé las gracias así? Supongo que muchas madres se habrían horrorizado porque su pequeño estaba destrozándole el baño, y habrían cambiado el tapón. La de Ysigäel lo mantuvo, con orgullo.

Otra de esas sorprendentes y maravillosas cosas que ocurren en Madrid: me avisa Mónica, vecina bloguera, de unos conciertos en el teatro Lara, con Ara Malikian (¿recordáis el experimento en el metro?), en los que junto a la interpretación de las obras se va a dramatizar la vida de los compositores, con lecturas de cartas y otros escritos.
Fui al primero, sobre Beethoven. Poca gente, escenario pequeño y próximo, como un concierto de otro siglo, en el que un grupo de amigos se reunieran alrededor de los músicos. La sonata à Kreutzer como si la escuchara por vez primera y, entre los movimientos de la sonata, la lectura íntima, profunda e intensa de Antonio Rodríguez, director de la Escuela de Lectura de Madrid, del llamado testamento de Heiligenstadt y de la carta a la Amada Desconocida (esta última junto a otra lectora, lamento no tener su nombre, al igual que me falta el nombre de la pianista):
“…pero qué humillación, cuando alguien se paraba a mi lado y escuchaba una flauta a la distancia, y yo no escuchaba nada, o alguien escuchaba cantar a un pastor, y yo otra vez no escuchaba nada, estos incidentes me llevaron al borde de la desesperación, un poco más y hubiera puesto fin a mi vida – sólo el arte me sostuvo, ah, parecía imposible dejar el mundo hasta haber producido todo lo que yo sentía que estaba llamado a producir, y entonces soporté esta existencia miserable – verdaderamente miserable, una naturaleza corporal hipersensible a la que un cambio inesperado puede lanzar del mejor al peor estado – Paciencia – Está dicho que ahora debo elegirla para que me guíe, así lo he hecho, espero que mi determinación permanecerá firme para soportar hasta que a las inexorables parcas les plazca cortar el hilo, tal vez mejoraré, tal vez no, estoy preparado…”

Los de la Editorial Blur (gracias, Eduardo) me han editado un pequeño librito, “Entre Lucero y Argüelles”, notas que tomo cuando viajo en el metro de Madrid: retazos de conversaciones escuchadas al azar, o imágenes y situaciones que me parecieron bonitas o interesantes… Muchas de estas observaciones habéis podido verlas aquí mismo, los que sigáis este blog. Pero para alguien que, como yo, ha crecido en la cultura del libro verlas impresas supone que ya son de verdad. Sigo medio sintiendo que lo que no está en los papeles no existe :)
Puedes encontrar los libros de Blur en librerías especializadas, y en las de museos y centros culturales. Éstas son algunas de MADRID (para los que no esteis en Madrid, pinchad aquí):
¡Espero que os guste!




Hoy ha reaparecido en público Aung San Suu Kyi, Premio Nobel de la Paz. Lleva en arresto domiciliario desde hace 4 años y medio y actualmente se enfrenta a una pena de prisión por haber dado cobijo en su casa una noche a un ciudadano americano, John Yettaw, violando así el arresto domiciliario.
Lo que yo no sabía es que este hombre había llegado hasta ella atravesando a nado el lago Inya, y que fue detenido, al día siguiente, cuando salía de las aguas del lago. Dijo que lo había hecho por la preocupación que sentía por la vida de ella. Me pareció una imagen muy bonita.
“La Dama”, le llaman la gente de Myanmar a Aung San Suu Kyi.