


Cuando llegamos estaba todo perdido de cerveza. Mientras lo limpia, Pablo, el camarero, se queja: “uno puso la cerveza a medio beber sobre el borde del cenicero y se le derramó lo que quedaba.” Y dice, triste: “eran unos tipos… con dinero…”, con una entonación y gesto que querían decir: “arrogantes que nunca van a pedir perdón por nada, ni a molestarse en ayudarte, y que encima te van a exigir que no les cobres la cerveza que ellos han derramado”. Gente con dinero.

Echo de menos un poco la variedad de gente que ves en otras ciudades. Aquí, unos dibujos de gente en el metro de Londres.

David, el joven profesor (¿maestro?) de esgrima, que ha sido recientemente 3º en los Campeonatos del Mundo, dedica ahora toda su atención a que dos pardillas principiantes adopten correctamente la postura de “en guardia“. Sin tacañerías. Con infinita paciencia y amabilidad. Tiene los ojos limpios, la mirada más limpia que he visto en mucho tiempo.
En la parte contraria, un jefe con mirada esquinada. Que ignora sistemáticamente a los que están empezando, o a los que no son importantes. Los que están perdidos. Y te preguntas si tan pronto se ha olvidado de que él también comenzó un día, y seguro que hubo alguien que le ayudó, y él pudo avanzar gracias a ello. ¿Y ahora cómo lo devuelve? No lo devuelve. Lo guarda, lo atesora. Y no lo comparte, y no lo traspasa. Y la mirada se le va torciendo cada día un poquito más. Hasta que cosas como “valiente“, “honesto” o “generoso” ya no tienen nada que ver con él.
Para todos los que estáis ahora mismo rodeados de gente semejante, hay una canción de The Frames, del disco “Cost” que dice algo así como “intentando centrarme sólo en lo bueno…” Pues eso. (De la B.S.O. de “Once“, una película preciosa sobre encuentros entre gente de mirada limpia).

Ayer jugué mi primera partida en mucho tiempo, y recordé cómo conseguí mi ajedrez portátil: había un vagabundo muy simpático, con una barba negra tupida y larguísima, que se ponía en Recoletos a vender el típico batiburrillo de objetos inútiles y rotos. Entre estas cosas traía libros, sorpendentemente buenos, y un día vi el ajedrez. Me parecía caro (siempre ando pelada de dinero) y el hombre, para animarm, me dijo:
¡De acuerdo! ¿Cómo rechazar un juego? Por supuesto, el tipo me ganó y yo compré el ajedrez al precio que me pedía (que entonces ya no me importó lo más mínimo), y como extra me dijo que si quería me enseñaba algunos trucos para ganar rápido. Así que durante algún tiempo de aquella primavera jugábamos allí, en su banco de Recoletos, cuando yo iba o volvía dell trabajo. Pero al poco cambié de trabajo y ya no le volví a ver más. Una pena, porque era muy simpático, y yo sigo jugando igual de mal que siempre.

Esta sudamericana pequeñita iba leyendo un libro que se llamaba “Cómo mejorar mi matrimonio”. Iba leyendo bajito, pero en voz alta, como una oración. Mientras los chicos de al lado miran embobados a dos chicas guapas que han entrado en el vagón.

Éste es el chaleco que quemé con la plancha, y al que, para tapar el quemado, cosí un pájaro hecho de cuero negro y puse pespuntes, patas, pico y ojo rojos (bueno, en realidad lo hizo mi madre). Al final, quedó muchísimo más bonito que el chaleco “sano”.
Disfruten los errores. De cuando mi amigo J. oyó por la megafonía del metro, después de un anuncio de obras, o suspensión de líneas por trabajos, “disfruten las molestias”. Se indignó, claro, hasta que se dio cuenta de su error, mucho más divertido.
“-¿Leer por el mero hecho de leer?
-Sí, leer por leer es fantástico. No hay que olvidar que la literatura debe tener un punto de inutilidad, como todas las cosas bellas. No siempre hay que buscarle una función a las cosas y la lectura es una de ellas”.

Esto en una entrevista a Emili Teixidor, escritor de literatura infantil y juvenil. Y Kant aún diría más:
“Porque no comprendo por qué lo deseado por mis más vivos sentimientos no se ha de contar entre las cosas útiles”.
Y yo, aún diría más: que de hecho ésas son las cosas que al final se muestran las más útiles. Que llenamos los días de pensamientos del tipo “comprar esto, que no se me olvide llamar a, pedir cita, echar esos papeles…”, y no dedicamos nada de espacio a las cosas del alma. Y al final, cuando ésta, hambrienta, gruñe, el sufrimiento que provoca es atroz.

En Madrid:

EXPRESIONES POÉTICAS DE LA GENTE COMÚN

“Estas criaturas se han subido por encima del cielo y matan a Dios” - escuché a un señor en la tele hablando de la agresión de unos adolescentes a una vecina. Precioso ¿eh?
“Es un hombre, y lo que daña a los hombres también a mí me toca”.
Un día de enero de mucho, mucho frío. En Iglesia:


Al lado de esta sudamericana dormida iba un chico vestido de ejecutivo (traje azul de rayas caro, zapatos caros, reloj caro) comiendo a mordisquitos una de esas tortas dietéticas de avena o vete a saber de qué. Cosas de su novia, supongo.

Alguien se entretuvo ayer en hacer una bonita grulla con un papel de propaganda en el metro, y yo la encontré :-)

“Pinta lo que está ahí justo enfrente de tus ojos, sin seleccionar ni ignorar nada: justo lo que está ahí.” - John Ruskin

Yo, hoy, pinto a este señor que me parece Geppetto, el padre de Pinocho :-)





“Os pido que creáis. No sólo en mi capacidad para cambiar las cosas en Whashington… Os pido que creáis en la vuestra”.
Esta frase está encabezando la web de Barak Obama, y a continuación os pongo algunos extractos de su discurso de agradecimiento en la noche en que ganó, por goleada, en los caucases de Iowa:
“Decían que este día no llegaría nunca. Decían que nuestra mirada estaba puesta demasiado alto. (…) pero en esta noche de enero habéis hecho lo que los cínicos decían que no se podía hacer. (…) Habéis dicho “el tiempo ha llegado de dejar atrás la amargura y la mezquindad.” (…) Hemos elegido la esperanza sobre el miedo.
(…)
Esperanza no es el ciego optimismo. No es ignorar la enormidad de la tarea por delante. No es sentarse al lado, y no atreverse a luchar. Esperanza es esa cosa dentro de nosotros que insiste, a pesar de las evidencias en contra, que algo mejor nos espera si tenemos la valentía de ir a por ello, y de trabajar por ello, y de luchar por ello.”
Tengo amigos que deshechan este discurso porque lo pronuncia un político. Pero a mí me parece que encarna lo que debió de ser la Política en mejores tiempos (si alguna vez los tuvo) y la Retórica: la capacidad para poner en pie a las personas, y contagiar el entusiasmo que es necesario para realizar cualquier empresa humana. A mí sólo me gustaría que aquí en España tuviéramos líderes capaces de elevarse por encima de la mediocridad y garrulería ambiente, y elevarnos a nosotros con ellos. ¿En España no les escriben los discursos a los políticos? ¿O tienen demasiada soberbia y se creen que ya lo hacen ellos bastante bien? Pues no. Si no tienen escritores, que los contraten; y si los tienen… que los despidan cuanto antes y contraten a otros.

“Don’t come closer or I’ll have to go”.
De alguna manera conecta conmigo, estos días.
También: “Society, crazy indeed, I hope you’re not lonely without me. Society, I hope you’ll not be angry if I disagree”. Slip away. De la banda sonora de la peli de Sean Penn “Into the Wild”, canciones sobre la huida de Eddie Vedder (el cantante de Pearl Jam).


