
Otra de esas sorprendentes y maravillosas cosas que ocurren en Madrid: me avisa Mónica, vecina bloguera, de unos conciertos en el teatro Lara, con Ara Malikian (¿recordáis el experimento en el metro?), en los que junto a la interpretación de las obras se va a dramatizar la vida de los compositores, con lecturas de cartas y otros escritos.
Fui al primero, sobre Beethoven. Poca gente, escenario pequeño y próximo, como un concierto de otro siglo, en el que un grupo de amigos se reunieran alrededor de los músicos. La sonata à Kreutzer como si la escuchara por vez primera y, entre los movimientos de la sonata, la lectura íntima, profunda e intensa de Antonio Rodríguez, director de la Escuela de Lectura de Madrid, del llamado testamento de Heiligenstadt y de la carta a la Amada Desconocida (esta última junto a otra lectora, lamento no tener su nombre, al igual que me falta el nombre de la pianista):
“…pero qué humillación, cuando alguien se paraba a mi lado y escuchaba una flauta a la distancia, y yo no escuchaba nada, o alguien escuchaba cantar a un pastor, y yo otra vez no escuchaba nada, estos incidentes me llevaron al borde de la desesperación, un poco más y hubiera puesto fin a mi vida – sólo el arte me sostuvo, ah, parecía imposible dejar el mundo hasta haber producido todo lo que yo sentía que estaba llamado a producir, y entonces soporté esta existencia miserable – verdaderamente miserable, una naturaleza corporal hipersensible a la que un cambio inesperado puede lanzar del mejor al peor estado – Paciencia – Está dicho que ahora debo elegirla para que me guíe, así lo he hecho, espero que mi determinación permanecerá firme para soportar hasta que a las inexorables parcas les plazca cortar el hilo, tal vez mejoraré, tal vez no, estoy preparado…”